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Cumpleaños, comunión o comida de familia en una finca de Tenerife: qué preguntar antes de reservar
Tu madre cumple setenta en noviembre y, contando a los primos de La Laguna, sois treinta y dos. El restaurante de siempre tiene un reservado para veinte. El salón de casa, para doce si nadie se mueve. Y alguien dice «¿y si alquilamos una finca?». Es la conversación que nos llega casi cada semana, y casi siempre con las mismas dudas: cuánta gente hace falta para que compense, qué incluye de verdad, si se puede llevar la comida hecha y hasta qué hora. Esto es lo que conviene tener claro antes de escribir a nadie.
Restaurante, casa rural o finca: qué cambia según cuántos sois
Con quince personas no hace falta complicarse: un restaurante con reservado resuelve la comida, el vino y los platos, y os vais a las cinco sin recoger nada. El límite del restaurante no es la comida, es el tiempo: a partir de cierta hora el reservado lo necesitan para la cena, y con niños sueltos por el comedor la sobremesa dura lo que dura.
Con treinta la cosa cambia. Pocos reservados llegan, y los que llegan os ponen en dos mesas que no se hablan. Una casa rural grande con jardín sirve si de verdad cabéis sentados y si al dueño no le importa que seáis treinta un domingo; muchas están pensadas para ocho que duermen, no para treinta que comen.
Con cincuenta ya hablamos de un espacio hecho para eso: mesas y sillas para todos, sombra o cubierto, un sitio donde el catering pueda trabajar, aparcamiento para quince coches y alguien que sepa montar y desmontar. Ahí es donde una finca de eventos deja de ser un capricho y pasa a ser la opción barata, porque lo que en un restaurante se paga en menú aquí se reparte entre el espacio y una comida que elegís vosotros.
La cifra que decide no es cuántos sois hoy, es cuántos seréis cuando confirme todo el mundo. Sumad un veinte por ciento a la primera lista y mirad en qué tramo caéis.

Las siete preguntas que hay que hacer antes de reservar
Las que separan una comida tranquila de una tarde de discusiones, en el orden en que suelen doler:
- ¿Hasta qué hora? La hora a la que tiene que parar la música y la hora a la que hay que haberse ido. Son dos, y conviene tenerlas por escrito: las marca el municipio tanto como la finca.
- ¿Qué está incluido? Mesas, sillas, mantelería, una cocina de apoyo con nevera para el catering, luz en el jardín. Todo lo que no esté en la lista hay que alquilarlo aparte, y eso se nota en el precio final más que el alquiler del espacio.
- ¿Se puede traer la comida hecha o tiene que ser catering? Hay fincas que solo trabajan con sus proveedores y otras que aceptan que venga la paella de la abuela. Ninguna de las dos opciones es mala; lo malo es descubrirlo el día antes.
- ¿Y si llueve? Cuántos caben sentados bajo cubierto, no cuántos caben en el jardín con sol. En el norte de Tenerife, entre noviembre y febrero, es la pregunta que más vale.
- ¿Los niños pueden usar la piscina? Si hay piscina, si está abierta esa fecha y si alguien tiene que vigilarla. Con doce críos en una comida de familia, es lo primero que preguntan ellos.
- ¿Dónde aparcan quince coches? Dentro, en la calle, a diez minutos andando. Parece menor hasta que llega la tía de ochenta años.
- ¿Hay un mínimo de personas, y hay que dormir? Algunas fincas solo alquilan el espacio si también se reservan las casas; otras alquilan la comida suelta a partir de cierto número. Preguntadlo antes de enamoraros del jardín.
La comida: catering, cocina propia y lo que se puede traer
Para treinta o cuarenta personas, el catering es lo que más simplifica y lo que más cuesta, en ese orden. Un catering del valle que ya conozca la finca sabe dónde enchufar, por dónde entra la furgoneta y a qué hora hay que empezar a servir para que la sobremesa llegue con luz. Ese conocimiento vale dinero y ahorra otro tanto en imprevistos.
Nosotros trabajamos con catering externo, con proveedores del Valle de La Orotava que ya han montado aquí, y os recomendamos según el tipo de comida: no es lo mismo un asado con mesa larga que un cóctel de pie para una comunión con muchos niños. Si ya tenéis cocinero de confianza, decídnoslo al escribir: la respuesta depende de lo que necesite y de la fecha, y preferimos dárosla clara antes que sorprenderos.
Lo que casi siempre se trae de casa, y nadie lo pregunta: la tarta, el vino de un amigo, la música de la sobremesa y el mantel de la abuela. Eso sí cabe en cualquier finca.

Cuándo reservar: los días que se llenan y los que no
Los sábados de mayo, junio, septiembre y octubre son de boda en casi todas las fincas de la isla, y una comida de familia compite por ellos con desventaja. La ventaja está en el resto del calendario: los domingos al mediodía, los viernes por la noche, los días entre semana y todo el invierno, que en el norte tiene más días despejados de lo que la gente cree.
Las comuniones se concentran en mayo y se reservan desde enero. Los bautizos van más repartidos, con primavera por delante. Los cumpleaños redondos y las bodas de plata caen cuando caen, y los de diciembre chocan con las comidas de empresa: si el vuestro es en Navidad, cerrad la fecha en octubre.
Con una comida de treinta no hace falta un año de antelación como con una boda. Dos o tres meses suelen bastar para tener fecha, catering y mesas; con menos también se puede, pero se elige menos.
Cómo es una comida de familia en Hacienda Verde
Estamos en La Orotava, a unos 500 metros, con 17.000 metros cuadrados de jardín y el Teide de frente. Para celebraciones familiares la finca está pensada hasta 60 invitados; para formato cóctel caben hasta 100 y sentados a banquete hasta 80, que es el aforo de boda. Y una cosa que cambia la tarde: se celebra un solo evento cada vez, así que la comida de vuestra familia no comparte jardín con la boda de otra.
La escena habitual con treinta es la mesa larga junto a la piscina, con el volcán al fondo y las sombrillas puestas si es verano. Los niños tienen la era de trillar y la pista de petanca, que quedan a la vista de la mesa, y el lagar centenario es donde acaban las fotos de grupo. Hay parking dentro de la finca, que con abuelos importa más de lo que parece.
Dentro hay tres casas independientes, cada una para hasta cuatro personas. Son las que suelen quedarse los que vienen de fuera de la isla o los que no quieren coger el coche después: los abuelos la noche de antes, los primos de Madrid el fin de semana entero. Todo eso, con los espacios y el formulario, está en la finca para celebraciones y eventos en La Orotava.
No publicamos precios cerrados porque dependen de la fecha, de cuántos sois y de lo que necesitéis: hacemos presupuesto a medida y respondemos en menos de 24 horas. En el formulario de eventos hay una casilla para «celebración familiar» y los tramos de hasta 25 y de 25 a 50 personas; con eso y una fecha aproximada ya podemos deciros si encaja.
Comuniones y bautizos: lo que cambia respecto a un cumpleaños
La hora. Una comunión o un bautizo empiezan en la iglesia por la mañana, así que la comida arranca pronto y la tarde es larga: conviene que haya sombra, algo que hacer para los niños y un sitio donde el protagonista pueda cambiarse de ropa a media tarde.
La mesa de los niños. En una comunión hay diez o quince críos de la misma edad, y funciona mejor una mesa suya, cerca del jardín, que repartirlos entre los adultos. Y un menú para ellos que no sea el de los mayores en pequeño.
Las fotos. Es el evento en el que más se fotografía en grupo: el lagar, el jardín de las hortensias y la piscina con el Teide son los tres sitios que la gente pide aquí, y conviene planificarlas antes de que la sobremesa se disperse.
El resto —cuánta gente, qué comida, hasta qué hora— es lo mismo que en cualquier comida de familia. Lo que no cambia es que hay que preguntarlo antes.
Si tenéis una fecha aproximada y un número, aunque sea el de la primera lista, escribidnos por el formulario de eventos y celebraciones o por WhatsApp. Os decimos en menos de 24 horas si la fecha está libre, qué cabe en ese número y qué catering os encaja. Y si sois quince y lo vuestro es un restaurante, también os lo decimos.
José Martín
Anfitrión de Hacienda Verde. Lleva años recibiendo huéspedes y recorriendo el Valle de la Orotava y el Teide.
La comida, aquí mismo.
Diecisiete mil metros de jardín al pie del Teide, hasta 60 invitados en una celebración familiar, un solo evento cada vez y tres casas para los que se quedan a dormir.
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