
Blog · norte de Tenerife
Boda íntima en Tenerife: cuántos invitados y qué cambia con cada número
La primera decisión de una boda no es el sitio ni la fecha: es cuánta gente viene. Todo lo demás se acomoda a ese número, y casi nadie lo piensa en ese orden. Después de unos cuantos eventos en la finca, estos son los umbrales en los que la boda cambia de naturaleza, no solo de tamaño.
Hasta unos veinte: la boda que cabe en una mesa
Con veinte personas se puede sentar a todo el mundo en una sola mesa larga, y esa es la diferencia entera. Nadie se queda en la mesa de los primos, la conversación es una y no doce, y los novios llegan al final de la noche habiendo hablado con todos.
Cambia también la logística: no hace falta plano de mesas, ni megafonía, ni casi señalización. Un rincón bonito del jardín basta, y el catering puede permitirse cosas que con cien platos no se sostienen.
Y cambia dónde duermen. Veinte personas caben en las casas de una finca, así que la boda se convierte en un fin de semana entero con la gente que importa, en vez de en seis horas y un autobús de vuelta.

Entre treinta y sesenta: el punto dulce
Es el tamaño más común de las bodas que se celebran aquí, y creo que no es casualidad. Sigue cabiendo en un jardín sin que haya que montar una infraestructura de feria, y ya permite invitar a los amigos y no solo a la familia.
A partir de treinta aparecen las mesas redondas, el plano de sitios y alguien que coordine los tiempos. Y aparece el sonido: en un jardín abierto, con cincuenta personas hablando, un discurso sin micrófono no se oye desde la tercera mesa.
El plan de lluvia también se vuelve serio en este tramo. Meter a veinte personas bajo techo se improvisa; meter a cincuenta, no. Se decide con meses de antelación o no se decide.
Más de ochenta: otra boda distinta
A partir de ahí ya no es una celebración en un jardín, es un evento con producción. Hace falta carpa o plan B de verdad, baños adicionales, más personal de sala, aparcamiento organizado y, casi siempre, transporte de invitados.
No tiene nada de malo, pero conviene saber que el salto de coste no es proporcional al número de personas: entre sesenta y cien invitados se cruzan varios umbrales a la vez, y el presupuesto pega un escalón mayor que el que dicta la aritmética.
Aquí el aforo sentado con plan de lluvia es el número que manda, y es la cifra que hay que pedir por escrito a cualquier finca antes de bloquear una fecha. Lo explicamos con más detalle en la guía de cómo se organiza una boda en una finca.

Lo que una boda pequeña permite y una grande no
Esta es la parte que casi nadie cuenta, y es el argumento de verdad a favor de lo pequeño. Con menos gente, el mismo presupuesto compra otra cosa.
- Comer bien de verdad, con producto de la zona en vez de un menú que tiene que salir cien veces igual.
- Un fotógrafo el día entero en vez de por horas.
- Que los invitados se queden a dormir, y desayunar todos juntos al día siguiente.
- Una ceremonia sin prisa: con veinte personas nadie mira el reloj.
- Elegir la fecha por el tiempo y no por la disponibilidad, porque un grupo pequeño encaja en más huecos.
El mes importa más cuanto más pequeña sea
Con una carpa y cien invitados, la lluvia es un contratiempo. Con veinte personas y una ceremonia al aire libre, la lluvia es la boda entera, porque el plan pequeño suele ir sin techo.
En el norte de Tenerife los meses buenos para celebrar fuera son mayo, junio, septiembre y octubre. Y hay un dato que sorprende a todo el mundo: en agosto hay casi el doble de días de niebla que en octubre —9,5 frente a 5,1 de media en la estación oficial del norte—, así que el verano no es la apuesta segura que parece.
Si vas a hacer una boda pequeña y sin carpa, elige el mes con más cuidado que el vestido. Lo tenemos desglosado mes a mes en la guía de cuándo viajar al norte.
Y el papeleo, que no depende del tamaño
Una cosa que no cambia con el número de invitados: los plazos legales. Si la ceremonia es civil hay trámites con sus tiempos, y si es simbólica no hay ninguno porque no tiene efecto legal. La mayoría de las parejas que vienen de fuera firman antes en su ciudad y celebran aquí una ceremonia simbólica.
Está todo explicado, con los plazos reales, en la guía de boda civil o simbólica en Tenerife.
En Hacienda Verde se celebra un solo evento cada vez, así que una boda de veinte personas no comparte finca con ninguna de ciento veinte. Si tienes un número aproximado de invitados y una fecha en la cabeza, dínoslo en la página de eventos y bodas y te decimos qué cabe y qué no en tu formato, sin rodeos.
José Martín
Anfitrión de Hacienda Verde. Lleva años recibiendo huéspedes y recorriendo el Valle de la Orotava y el Teide.
La ceremonia, aquí mismo.
Diecisiete mil metros de jardín al pie del Teide, hasta 80 invitados sentados y tres casas para que los vuestros no cojan el coche de vuelta.
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