Hace treinta años el terreno era seco y la mayor parte estaba sin sombra. Empezamos plantando los almendros, después los pinos canarios, después los frutales. La viña pequeña vino después.
Los tajinastes y los agapanthos vinieron en olas — un año los tajinastes, otro año los agapanthos azules, otro las hortensias del muro de piedra. Cada planta tenía su sitio. La finca crece sola ahora, sólo la podamos y la regamos cuando hace falta.
El lagar canario, el pajar y la era ya estaban cuando llegamos. Son piezas patrimoniales que pertenecen a la finca. El pajar está catalogado por el Cabildo y en vías de restauración; el lagar conserva la bóveda de ladrillo arenisca, los barriles y las botellas; la era guarda el carro de trillar bajo el almendro.
* Texto base, pendiente de matices del titular antes del cierre definitivo.